A 50 años del verano del amor

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Todo comezó en Monterrey con flores en el cabello pero terminó en Altamont con cervezas, pistolas y un afroamericano muerto a patadas y con cinco puñaladas. Conocido como Verano del amor, el año de 1967 demostró, explica la historiadora Julia Palacios, que era posible vivir la utopía del hippismo. “Ahora lo vemos nostálgico e ingenuo pero por algunos meses, en San Francisco y algunas ciudades a su alrededor se pudo vivir esa utopía: existieron las comunas, la idea de compartir todo y vivir de la naturaleza. Existió, no quedó sólo en la imaginación”.

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A 50 años de esa utopía que se hizo realidad del 16 de junio (con la realización del Monterrey Pop Festival) al 6 de octubre (cuando se publicó la esquela “La muerte del hippi”), presentamos 50 legados que nos dejaron aquellos hippis que, como cuenta Palacios (doctora por la Universidad Iberoamericana y experta en cultura pop), quemaron sus cartillas de reclutamiento del ejército y se negaron a ser entrenados durante una semana para ir a matar vietnamitas.

No se trata sólo de un baúl de recuerdos porque, como explica el productor Luis de Llano, “ese verano atravesó fronteras para inspirar el Festival de Avándaro (que él organizó) y viajó en el tiempo al dejarnos íconos como el de Amor y Paz, e impulsar movimientos como el de liberación femenina.
1.- FESTIVALES MASIVOS AL AIRE LIBRE
 ”Un fenómeno de amor”, dice Julia Palacios para resumir el Monterrey Pop Festival, el padre de Coachella, Glastonburry, Lollapalooza y cualquier otro festival de música actual. “Después de ese, toda la cosa de San Francisco se llenó de festivales similares”, cuenta Luis de Llano, quien recorrió de Santa Clara a San Rafael para grabarlos.