Entran adolescentes al culto por las armas en Nuevo León

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Verónica es una adolescente de 14 años de cara redonda y tez blanca. Se enfunda su traje de tiro y toma un rifle de aire. Como ella, decenas de niños, adolescentes y jóvenes han llegado solos al Centro de Alto Rendimiento (Care), de Nuevo León. Es una Villa Olímpica en donde los mejores deportistas del estado perfeccionan sus disciplinas, entre ellas, el disparo de pistola o rifle de aire.

En el lugar, niños y adolescentes se enfundan en su traje, una especie de ropaje de cuero que sirve para dar estabilidad con el arma. “Arriba”, grita la entrenadora; se acomodan, posicionan los pies, los brazos, apuntan, respiran y disparan. En el campo cerrado se escucha la carga del arma deportiva, el gatillo y el disparo de aire: poco estruendoso, apenas aire comprimido expulsado.

A Verónica le preocupa que su disciplina pueda ser cancelada porque, dice, la gente no tiene información. Un día antes, un estudiante de 15 años, con entrenamiento, disparó contra su maestra, sus compañeros y luego se quitó la vida, lo que significó una tragedia para su ciudad y puso la mirada en la cultura de las armas.

“Yo antes sentía que no podía hacer nada bien hasta que llegué aquí. Te da mucha tranquilidad y concentración”, dice sobre el tiro deportivo.

Recuerda que sufría bullying por usar lentes, pero ya no se enoja. Dice: “Aprendes a controlarte en situaciones de alta intensidad”.

—¿Qué dicen tus papás porque practicas un deporte que involucra armas?

—Me lo pusieron como opción. Es seguro.

—¿No sintieron riesgo?

—No. Tenía malas calificaciones y me gustó. El acuerdo fue sacar buenas notas.

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En Nuevo León hay más de 2 mil ranchos cinegéticos o Unidades de Manejo de Aprovechamiento Sustentable (UMAS), de 12 mil que hay en el país. En 2016 se registraron más de 8 mil cintillos o permisos de caza, un aumento de casi 40% a comparación de 2015, según datos de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León.

El gusto por la cacería es ancestral. Hace siglos, el noreste de México estaba habitado por grupos que vivían de la caza de animales y la recolección, destaca la Enciclopedia de los Municipios y Delegaciones de México. En Monterrey, Cadereyta y Cerralvo llegaron a formarse hasta 250 tribus donde la mayoría eran cazadores. La Secretaría de Turismo avala que la mayoría de turistas cinegéticos provienen de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua.

A esta comunidad de cazadores pertenecía el padre del menor que, según las investigaciones, sustrajo una de sus armas de cacería y la llevó a la escuela. Con 5.1 millones de habitantes, Nuevo León tiene cinco clubes de tiro y caza registrados forzosamente ante la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), dependencia que les vende las armas. Según una solicitud de información, de 2011 a mediados de 2015, la Sedena había vendido en el país 21 mil 716 armas de fuego para fines cinegéticos o deportivos.

No hay datos públicos de la cantidad de socios ni cuántos menores asisten, pero entrenadores estiman que entre todas las disciplinas, que incluyen también el tiro con arco, hay 200 menores inscritos. En el Care de Nuevo León —que no cuenta como club de tiro y caza— cerca de 60 jóvenes desde los 9 años entrenan.

Nancy Leal aprendió de armas a los 9 años. En ese tiempo iba de cacería con su papá, quien le enseñó a tirar. A los 13 años tomó un rifle .22 y tiró por primera vez. Hoy tiene 24 años, practica la cacería y es tiradora olímpica de rifle (aire y fuego), medalla de Oro por equipos en Juegos Centroamericanos y noveno lugar de Juegos Panamericanos. “Lo importante es el cuidado y la seguridad. Es la primera regla que se le enseña a un niño”, dice Nancy. Entre las reglas, está siempre apuntar al frente y traer el arma descargada.

Isamar Guerrero es la entrenadora de los adolescentes en el Care y tiradora deportiva con 14 años de experiencia. Afirma que el tiro deportivo es seguro y no violento. Desde pequeños se les adiestra en aprender reglas de seguridad, la posición, la mira y aspectos técnicos. A los 11 años ya pueden participar en competencias.

Para Isamar, el arma no fue el culpable del atentado en el Colegio Americano del Noreste. Usarla, compara, es como un cuchillo: lo puedes usar para cortar verduras como para acuchillar a alguien. “Hay muchos valores en el deporte de tiro como el respeto, la disciplina, la serenidad”. Admite que cuando ha tratado de reclutar niños, los papás se niegan a que sus hijos manejen armas. “Influye mucho cómo ve la sociedad las armas”.

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Luis Torres, fundador del Movimiento de Liberación Animal Pacífica, colectivo que lanzó la iniciativa de prohibir la cacería en Nuevo León, tras confirmarse que el menor del Colegio Americano del Noroeste sabía usar armas, explica que lo que buscan es frenar la cultura de muerte, en donde no importa el dolor de otros seres vivos. “Ves a los animales como objetos. No ves su sufrimiento y eso los desensibiliza”, plantea.

Si pones un arma al alcance de un menor, opina Torres, le fomentas una cultura de muerte y pérdida de sensibilidad. Además, dice, le enseñas a matar seres vivos en desventaja.

La cacería, agrega, provoca pánico, dolor, angustia y estrés en los animales para luego asesinarlos. Los cazadores, deduce, pierden la noción de la familia.

Para Nancy Leal, nadie puede comprobar que una persona que usa armas es violenta. Hay quien practica el tiro y no le gusta la cacería. “Todos los tiradores tenemos permiso, batallamos, le invertimos tiempo y dinero”.

El deporte de tiro como de caza es caro. Un rifle de fuego cuesta arriba de 50 mil pesos; 500 balas cuestan arriba de mil pesos y duran una semana. Si son para competir, son más costosas, dice Nancy. La inscripción en un campo de tiro cuesta entre 8 mil y 9 mil pesos, y la anualidad 5 mil pesos, en promedio. Y la licencia de caza anual cuesta 533 pesos. Tras los hechos en Monterrey, la Federación Mexicana de Tiro y Caza (Femeti) expuso que no existe fundamento científico, estadístico o de cualquier otra índole, que sostenga el hecho de que ser cazador es igual a una persona de potencial peligro.

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David Pérez es tirador deportivo y cazador, uno de los 114 miembros de la Femeti en Nuevo León. Para él, el tiro es un deporte Olímpico donde la herramienta es el arma, mientras que la cacería es la muerte intencionada de un animal, tratando de causar el menor sufrimiento posible, utilizando un arma como herramienta. Sufre la imagen que tiene la sociedad de las armas. “He tratado de conseguir patrocinios, pero las marcas no quieren”.

Arguye que en países como Suiza hay más disparos y armas que en México y la criminalidad es menor.

En Nuevo León existe una tasa de 2.8 armas por cada 100 habitantes, mientras que según la ONG Small Arms Survey, en Suiza la tasa es de 46 por cada 100 habitantes. Países como Alemania —país sede de la Federación Internacional de Tiro Deportivo— dos personas por cada millón mueren por homicidios con armas, mientras que en Nuevo León, en los últimos 6 años, la tasa promedio es de 131.2 muertes por cada millón.

Según datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Nacional, de 2011 a 2016 hubo 4 mil 33 homicidios por arma de fuego en Nuevo León, una tasa promedio anual de 13.1 por cada 100 mil habitantes, superior a la tasa de 9.7 que registró el país en 2015.



Autor original: Francisco Rodríguez – Corresponsal

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