La (nueva) hora del Inai

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Toma nota de que ya cambió la línea de Los Pinos. La presidenta debe ser Ximena Puente.

—¿Y Óscar Guerra?

—Se cayó.

La escena se vivía en la tarde del 14 de mayo de 2014, en el estacionamiento del Senado, donde unos minutos antes habían rendido protesta los siete nuevos comisionados del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai).

Con el arribo de este grupo se estrenó la autonomía constitucional de una de las instituciones más novedosas de la transición democrática mexicana. Pero sus actores decidieron inaugurar tal etapa con un acto de sumisión al poder.

El mensajero de aquella directriz, presumiblemente enviada por el consejero jurídico de la Presidencia de la República, Humberto Castillejos, fue el comisionado Eugenio Monterrey Chepov, identificado con el PRI desde que estuvo a cargo del órgano local de transparencia en el Estado de México gracias al impulso del que es considerado su padrino político, Emilio Gamboa, líder parlamentario priísta en el Senado.

Tras su acto inaugural en el Senado, los consejeros se trasladaron al Inai, muy al sur de la capital del país. Algunos viajaron en una camioneta conducida por Monterrey.

En las semanas previas todos habían sido informados que existía un acuerdo partidista para que el nuevo presidente del Inai fuera Óscar Guerra, al que se atribuye cercanía con el PRD y ahora con Morena, por haber presidido el órgano de acceso en la capital del país.

El grupo que viajó en la camioneta de Monterrey tardó una hora más en llegar que el resto de los comisionados, los cuales asumieron que en la referida camioneta habían continuado las negociaciones, como ha sido detallado en este espacio. Se supo que Guerra Ford se resistía al súbito cambio en un juego en el que había aceptado participar.

Esa jornada concluyó con una reunión en el salón de un hotel en la zona, donde consumaron la línea recibida: Ximena Puente fue electa presidenta, pese a su escasa trayectoria y su aparente fragilidad de carácter. Acaso esos fueron tomados como atributos por parte de sus promotores, el citado consejero Castillejos y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

La próxima semana deberá haber relevo en la presidencia del organismo. Es previsible que la historia se repita, incluso con actores similares. Quien asuma el cargo de presidente por los tres próximos años acompañará el cierre de la administración Peña Nieto y tendrá a su cargo supervisar peticiones y recursos clave en los primeros meses del siguiente sexenio.

Cada comisionado recibió originalmente un mandato por tiempo determinado para favorecer una rotación. Francisco Acuña estará en el puesto hasta el 31 marzo de 2023; Eugenio Monterrey, hasta el 31 de marzo de 2022. Óscar Guerra Ford terminará el 31 marzo de 2022; Patricia Kurczyn Villalobos y Joel Salas, el 31 marzo de 2020; la citada Ximena Puente y Areli Cano, el 31 marzo 2018. Esto significa que estas últimas dos están descartadas para encabezar el nuevo ciclo del organismo.

Consultas realizadas directamente con los actores del proceso reflejan dos bloques de comisionados que pugnan por la presidencia del Instituto en el siguiente periodo: el grupo afín al gobierno federal, en el que destaca desde luego Eugenio Monterrey, pero también Patricia Kurczyn, esposa del ex gobernador priísta de Puebla Mariano Piña Olaya.

En la acera de enfrente se halla un listado de comisionados no alineados con el PRI, pero distantes entre sí. Ahí figura nuevamente, Óscar Guerra Ford, así como Francisco Acuña y Joel Salas. Areli Cano es identificada con Kurczyn.

Es previsible que la voluntad del gobierno federal hará inclinar la balanza a favor de uno de los dos comisionados priístas, más probablemente Kurczyn. Ello, por el desgaste que ha sufrido Monterrey por haber sido correa de transmisión de Los Pinos estos años, y por la probabilidad de que aquélla pueda atraer el apoyo de Cano, convencer a Salas e incluso pactar el apoyo de Acuña a cambio de que él sea presidente entre 2020 y 2023, gracias a ser el comisionado de más largo mandato en la actual generación.

Siempre será posible que los apoyos políticos en favor de Monterrey, ligados con las figuras de Castillejos y del canciller Luis Videgaray, endurezcan la pierna y saquen adelante su nombramiento, lo que en este momento luce demasiado forzado.

Por su parte, la desventaja de Kurczyn es la ruidosa ruptura que protagonizó desde siempre con la presidenta saliente, Ximena Puente, para quien resultaría una afrenta mayor ser relevada por su adversaria frontal, lo que se agudizó a finales del año pasado, cuando Puente, presumiblemente estimulada por el consejero Castillejos, se registró ante el Senado como aspirante a la fiscalía anticorrupción. El malestar que atrajo con ello la obligó a retirar semanas después su postulación.

Con enormes desafíos pendientes, el Inai debe superar este proceso en forma decorosa, o regresará el riesgo de descarrilamiento en una institución que ha costado décadas construir y sacar adelante.

 

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